Como sufrir al límite sin rendirse

Alejandro Santamaría

Martes, 12 de julio 2016

El pasado domingo corrí mi cuarto triatlón de Vitoria. Es un triatlón que me gusta por la organización, por donde transcurre y por el ambientazo. Se ha convertido en una de mis pruebas favoritas y a la que me gusta llegar a tope y darlo todo, exprimirme.

Pero este domingo tocaba experimentar lo peor de un ironman. No siempre se dan las mejores condiciones.
Cuando vas totalmente fundido y a cada paso que das tienes mil deseos de parar, andar, retirarte… En mi cabeza se disputó una lucha interna entre seguir o abandonar.  Deseos de tumbarme en una sombra y cerrar los ojos olvidándome de todo. Pero también una obligación y deseo, a la vez, de seguir adelante.
Seguir por vosotros, por ellos, por mi familia, por todos, pero también por mi mismo.

NO ME PUEDO PARAR!! Me repetía una y otra vez.

Despacio pero sin parar, sin andar, sin abandonar. Estaba mi familia. Mi novia, y en todo Vitoria me conocen porque vengo todos los años. Tengo que seguir!!, me repetía una y otra vez. Pero los casi 40 grados que teníamos en la maratón me estaban dejando fundido.

Todo había empezado bien. Vitoria era mi gran objetivo y había entrenado todo lo posible con el deseo de volver a ganar.

Mi natación fue buena, y mi bici mejor. Siempre mostré mi lado valiente, dando la cara y marcando un ritmo fuerte hasta que conseguí quedarme solo y terminar con ventaja en los 180km con el mejor tiempo de todos a casi 40km/h. Mucho calor en la bici y puede que ahí me excediera en mi esfuerzo por mis deseos de ganar y lo pagara después.

“Tengo que seguir!!, me repetía una y otra vez. Pero los casi 40 grados que teníamos en la maratón me estaban dejando fundido.”

Empecé a correr la maratón primero, liderando la carrera un año más y ahí estaban todos mis hermanos animándome. Soy el menor de 10 y se habían presentado por sorpresa para empujarme con su cariño. Corría yo pero empujaban ellos, no sé si podéis imaginar lo que sentí.
Pero el calor era demasiado y mis fuerzas cada vez menores. El calor me estaba matando.

Los 20 vasos que bebía en cada avituallamiento no eran suficientes y mi ritmo cada km era peor.

Siendo aún primero me meto entero en una de las piscinas preparadas para meter la cabeza. La idea era refrigerar mi cuerpo. Ni pensaba en perder 30 segundos. Lo necesitaba.

Cerca del km15 Ivan Alvarez me adelanta como si corriera dentro de una nevera. Sin calor y a un ritmo salvaje de auténtico ganador. Yo no podía más y no llevaba ni la mitad del maratón. Pero tenía que seguir!

Si acabo, sería mi Triatlon distancia Ironman número 25, así que tenía que hacerlo.

A cada paso gente gritando mi nombre. Ánimos del público, de mi familia  y de otros participantes pero no podía más.

Por el km25 mis ojos se cierran. No podía ni mantenerlos abiertos y corro con los ojos cerrados intentando mantener una línea recta. Siento que voy haciendo eses y que voy arrastrando los pies.

Si tropiezo, me desmayo y ya no me levantaré, pero no paro. Despacio pero sin parar.   En mi cabeza se estaba disputando la mayor batalla por abandonar o por seguir y me estaba quedando sin motivos para no rendirme.

Y es entonces cuando me encuentro otra vez con ellos. Mi familia, mi novia. Aún puedes hacerlo!!

Arropado también por otros participantes consigo resucitar.  Me quedan 14km y tengo que defender el segundo puesto que corre mucho peligro. El calor está bajando y consigo sacar fuerzas de no sé donde. Vamos!! A cabezón no me gana nadie.

Así soy yo, en mi vida, todo lo que he conseguido ha sido a base de trabajo y trabajo. Nadie regala nada. Dejarme el lomo una y otra vez para conseguir mis sueños.

Finalmente, entro en meta segundo pero con una alegría de ganador.

No ha sido mi mejor prueba, ni mi mejor puesto, ni mi mejor tiempo. Pero si en la que más he sufrido. Y por ello una de las que más satisfacción me ha dado por poder conseguirlo.

Imágenes cedidas por Corriendovoy.com

He sufrido, luchado, peleado, llorado y estado al borde de la retirada pero he sido capaz de vencerme a mí mismo y seguir a pesar de todos los deseos.

Mas allá del puesto y del tiempo, esa es la mejor victoria que podemos tener.

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